miércoles, 9 de octubre de 2013

EL AGRESOR Y LA VICTIMA

El agresor

Características psicológicasAunque el acosador escolar no tiene por qué sufrir ninguna enfermedad mental o trastorno de la personalidad grave, presenta normalmente algún tipo de psicopatología. En la mayoría de casos, presenta ausencia de empatía (incapacidad para ponerse en el lugar del acosado y ser insensible al sufrimiento de este) y algún tipo de distorsión cognitiva.
En la distorsión cognitiva suele eludir la evidencia de los hechos y delegar responsabilidades en otras personas. De esta manera, responsabiliza su acción acosadora a la víctima que le ha molestado o desafiado, con lo que no muestra ningún tipo de remordimiento respecto de su conducta (un 70% de los acosadores responden a este perfil)
Los estudios en psicología identifican en los acosadores escolares la probable existencia de una educación familiar permisiva que les puede haber llevado a no interiorizar suficientemente bien el principio de realidad: los derechos de uno deben armonizarse con los de los demás. La consecuencia es la dificultad para ponerse en el lugar del otro por una carencia de altruismo vinculada a un ego que crece a costa de los demás, con otros niños a su “banda” y que tiene un indicio de frustación muy bajo. Algunos autores denominan a este tipo de niño como niño tirano.

El entorno escolar
Se puede dar el caso de que la ausencia en clase (normalmente con un clima adecuado de convivencia) pueda favorecer la aparición del acoso escolar. La responsabilidad al respecto está entre la figura de los profesores que no han recibido una formación específica en cuestiones de situaciones escolares conflictiva, y la disminución de su perfil de autoridad dentro de la sociedad actual.
El niño mal educado en la familia probablemente reproducirá en la escuela los hábitos adquiridos. Ni respetará, ni empatizará con los profesores, ni con sus compañeros. A menudo será aquel compañero que le haga manifiesto de sus limitaciones y carencias, o que, simplemente, le parezca frágil.


La televisión
Hay un mensaje implícito en determinados programas televisivos de consumo frecuente entre adolescentes.
Los expertos han llegado a la conclusión de que la violencia en los medios de comunicación tiene efectos sobre la violencia real, sobre todo entre niños. No obstante, se discute el tipo de efectos y su grado: si se da una imitación indiscriminada, si se da un efecto insensibilizador, si se crea una imagen de la realidad en la que se exagera la incidencia de la violencia, etc.

Características del agresor:
- Situación social negativa: Son rechazados por una gran parte de sus compañeros. Están menos aislados que las víctimas y tienen algunos amigos que les siguen en su conducta violenta.
- Tendencia a la violencia y al abuso de fuerza: Impulsivos, con escasas habilidades sociales, baja tolerancia a la frustración, dificultad para cumplir normas, relaciones negativas con los adultos y bajo rendimiento.
- Carecen de capacidad de autocrítica: Autoestima media o incluso alta.
- Ausencia de una relación afectiva: Normalmente por parte de los padres o tutor. Estos tienen dificultad para enseñarle a respetar límites. Tiene conductas antisociales con métodos restrictivos (el castigo físico).
- División entre agresores activos y pasivos: Los agresores activos son los que inician y dirigen la agresión; los agresores pasivos son los que les siguen, animan y presentan problemas similares en menor grado.

La víctima

Víctima pasiva
- Situación social de aislamiento, no tiene amigos. Presenta dificultad de comunicación y baja popularidad.
- Conducta muy pasiva, miedo ante la violencia y manifestación de fragilidad, alta ansiedad, inseguridad y baja autoestima. Existe una tendencia a culpabilizarse de su situación y a negarla por considerarla vergonzosa.
- Cierta orientación a los adultos, normalmente relacionada con una posible sobreprotección por parte de la familia.


Víctima activa
- Situación social de aislamiento e impopularidad.
- Tendencia impulsiva a actuar sin elegir la conducta más adecuada a cada situación. Emplea conductas agresivas, irritantes y provocadoras.
- Tiene un rendimiento peor que el de la víctima pasiva.
- Suelen haber tenido en su infancia un trato familiar más hostil, abusivo y represivo que los otros niños.
- Situación más frecuente entre los chicos: suelen ser escolares hiperactivos.

entrevista a Pilar medina

El acoso escolar siempre ha existido pero ¿qué es realmente el bullying? ¿Cualquier tipo de acoso se puede considerar como tal? ¿O existen algún limite que permita definir el bullying?
Tienes razón: alumnos maltratados y despreciados por el grupo o por cierta parte del grupo, lamentablemente ha existido siempre. En mi opinión, un aspecto diferencial de "bullying" (o matonismo) es, precisamente, que hemos puesto una etqiueta que visibilice un fenómeno que, quizá por no tener nombre, caía en la idea de "algo que siempre pasa en las clases"... Tiene que ver tb. con una mayor sensibilización por parte de la sociedad hacia los fenómenos particulares de violencia, y en este sentido creo que es bueno...
En cuanto a tipos de acoso, hay cierta categorización general que diferencia entre acoso físico (ataques físicos), verbal (insultos..) y psicológico (humillaciones, dejarlo de lado, avergonzarle, etc...)
¿Cómo se puede prevenir el bullying?
A muchos niveles, unos más cercanos (como la escuela) y otros más, ideales y utópicos (generando un espacio donde las sociedades y las personas nos respetemos mucho más... Qué difícil es cuando uno de los grandes sucesos en una guerra, por ejemplo, es humillar a las mujeres del bando perdedor violándolas... A nivel más cercano: Trabajando, como ya hacen muchas escuelas, el antídoto a la violencia y el conflicto interpersonal, esto es, encontrando espacios (como algunas tutorías) para que la clase hable de lo que les preocupa, entienda la importancia de escuchar y respetar siempre a la persona, cuestionando sus ideas pero nunca humillando... Y, por supuesto, parando de inmediato cuando aparezca un caso de bullying.
¿Cómo actuar ante un caso de bullying? Una reconcialiación entre víctima y agresor es suficiente? ¿O este acoso seguirá persistiendo, dado que la reputación de la víctima ya esta creada?
No, no... hay que intentar zanjarlo lo más rápido posible. La reconcialiación no siempre será eficaz, pero cuanto menos representa la obligación por parte del victimario (o sea, el matón) de que tiene que reparar y ser consciente de sus actos.... A otro nivel, y en paralelo, sin esperar a que aparezca un caso concreto de bullying, es trabajar en clase otros casos y que se discuta sobre ellos (llevando películas, recortes de periódico)... A veces, será demasiado tarde y el chaval/a puede quedar ya etiquetada y estigmatizada, pero siempre hay que intentarlo... y una manera indirecta es recordar que el problema en el acoso lo tiene el que lo HACE y no tanto el que lo recibe, aunque sea quien lo sufre.
¿ Un individuo victima de bullying tiene secuelas para toda la vida, o estas son olvidado en el transcurso de su vida?
Se ha encontrado con casos de adultos que acuden a su ayuda puesto que estos sufren un acoso tanto fisico o psicólogo en su lugar de trabajo?
Como a veces digo al hablar de la psicología: "De todo hay en la viña del señor psicológico!": personas que pueden olvidar un pasado doloroso en algún tramo de su escolarización y personas que quedarán siempre con ese remanente en su recuerdo y/o en sus vidas cotidianas. El grado en que afecte a sus vidas también tendrá que ver con el grado de poder asumir que no fue culpable sino víctima de una situación injusta. Perosi la herida es profunda puede haber interiorizado una forma pasiva y sumisa de relacionarse con los demás para evitar que le hagan daño y eso no es la mejor actitud en el mundo laboral (sobre todo si te toca un mal jefe o unos malos compañeros).
Finalmente, el cyber bullying utiliza internet para mostrar un acoso que en general tiene lugar en los colegios. El agresor muestra el dolor y sensación de impotencia de la víctima, ¿ Cuales suelen ser las carencias que provocan al agresor en actuar de tal manera?
Antes que carencias podríamos tener que hacer una reflexión sobre el peligro de la "banalización" del mal como magníficamente ejemplificó la filósofa Hannah Arendt. Sin poder repetir sus palabras, diría que si el adolescente no ha interiorizado una estructura que le permita darse cuenta de la responsabilidad personal en aquello que hace, si siempre se le disculpa, si no se le acompaña y se siente solo .... en fin! si no siente unos padres presentes de forma cariñosa a la vez que firme y coherente... es más fácil que se deje arrastrar por sus necesidades de poder y dominar a otro chaval/a.
Solemos aconsejar a la víctima en acudir a un psicólogo, pero ¿no sería más adecuado que el agresor fuera quien se tratase?
Es aconsejable para los dos! Sin duda! siempre en aquellos casos en los que el circuito de adultos más próximo a los chicos (profesores, tutores y, claro! padres) no puedan ser capaces de hacerse cargo del caso). En el caso de la víctima para que no quede como algo enquistado y peligroso para su propia dignidad y, en el victimario, sobre todo si es un caso recurrente, porque pensemos que siempre detrás de un chaval que actúa así, hay un dolor, aunque sea un dolor expresado de forma tan agresiva. Y hay que atender a ese dolor para que -sintiéndose mejor- ya no necesite abusar ni dominar a otro ser humano.

Entrevista a una víctima de acoso escolar: "Voy a morir por el dolor de mis sentimientos"

Hemos podido realizarle una entrevista a una niña de quinto de primaria que ha sufrido acoso escolar desde primero hasta cuarto de primaria. Parece que en este último año la han acosado menos, a pesar de que en el primer trimestre aún le pegaban y todavía hoy se ríen de ella.

Pregunta: ¿Cómo empezó todo?
Respuesta: Fue porque un niña le dijo al niño más mandón de la clase que yo había dicho que era un hijo de puta. Pero eso no es verdad. Pero ella se lo dijo y entonces el vino y me dijo que mi madre era una puta. Y entonces yo a ese niño le dije que eso que le había dicho esa niña que yo le había dicho a él hijo de puta que no era verdad, que se lo había inventado esa niña. Pero no me creía y se seguía metiendo conmigo y me puse a llorar, se lo dije a un monitor y le castigaron.

P: ¿Y la niña porqué se inventó eso?
R: No lo se. Pero siempre se está riendo de mí. Des de siempre que todos se han burlado de mí. Y un día, a la hora de comedor, la niña esa se cruzó con el niño y le empezó a hacer burlas sobre mí cuando yo pasaba por su lado, y los dos se empezaron a reír y el niño me hizo la zancadilla. Y yo dije: “¿pero que haces?” Y él dijo: “nada, nada, no hago nada”. Y cuando llegué a casa se lo dije a mi hermano y a mi madre, y mi madre habló con la madre del niño y su madre dijo que como para el niño yo era una chivata, que por eso me insultaba. Y mi madre y su madre hablaron y decidieron que para hacer eso pues que no nos habláramos más, que yo no le diría nada a él y que él no me diría nada a mí. Pero es que desde la infancia que me lleva haciendo lo mismo.

P: ¿Y ahora, después de que vuestras madres hablaran, se sigue metiendo contigo?
R: No ahora no. Bueno en el primer trimestre sí. Pero no se lo quiero decir a mi madre porque si se lo digo a mi madre volverá a hablar con la suya y volveré a tener malos rollos con él. Y no quiero.

P: Y, cambiando un poco de tema, ¿la frase que escribiste en la agenda “voy a morir por el dolor de mis sentimientos”, la escribiste en una clase que estabas muy enfadada o muy triste porque alguien se había metido contigo?
R: Fue en el primer trimestre y estaba muy enfadada porque ese niño se había burlado de mí otra vez.

P: ¿Pero tan mal estabas? Porque es que la frase es muy fuerte.
R: ¡Hombre! ¿Te gustaría que desde la infancia hasta quinto o cuarto, se metieran contigo?

P: ¿Pero que te hacían?
R: A ver, él me insultaba, me pegaba...

P: ¿Pero sólo él o más gente?
R: Sólo él.

P: ¿Y la niña esa no?R: No, ella no me pegaba. Se reía y me decía tonta. Pero no me pegaba.

P: ¿Y tú que hacías?R: Yo le decía “habla chucho que no te escucho”. Y cuando se metían conmigo o el niño me pegaba, yo pasaba de todo. Pero después llegaba a casa y se lo decía a mi madre. En vez de decírselo a la profesora se lo decía a mi madre.

P: ¿Y ahora el niño ya no se mete contigo?No, ya no.

P: ¿Y por qué ha dejado de meterse contigo?R: Porque este año ha tenido muchos problemas, por niños y todo eso. Y él ahora ya sabe que si se mete con otra persona le castigan, en el cole y en casa, y por eso ahora ya no se mete conmigo, por eso. Pero se mete con otra niña de la otra clase.

P: ¿Y por qué crees que se mete con la gente?
R: No lo sé, tendrá rabia o algo que le habrán hecho seguramente. Es que no tengo ni idea. No se, es que el dijo una vez que si a él le pegaban él tenía que pegar a la persona que le había pegado. Pero es que yo eso no lo veo normal, se lo dices a la profesora y ya está, o le hablas, pero no hace falta pegar. Digo yo, vaya.

P: ¿Y los profesores que hacían?R: La profesora pasaba de mí y él se reía. Y yo le decía que si se reía de mí después se lo diría a mi madre.

P: ¿Y tu crees que la mejor opción es ir a contárselo a tu madre?
R: Ahora creo que no porque entonces mi madre habla con su madre y aún es peor.

P: ¿Y si se volviera a meter contigo que harías?
R: Decirle “habla chucho que no te escucho”, que es lo que me ha dicho mi madre que le diga. Pero es que también se mete con otra niña de la otra clase, que, por ejemplo, si a ella le insulta, ella va corriendo detrás de él diciéndole que pare ya de insultarle.

P: ¿Y entonces él se ríe aún más de ella, no?
R: Sí.

P: ¿Y ninguna de las niñas se mete contigo o con los demás?R: Bueno, hay una que siempre está pegando, pero ella dice que es como un juego, y yo le digo que pegarse no es un juego, porque pegar no es un juego, eso es violencia, que es otra cosa, pero a ella le da igual. Y el otro día estaba en clase y me dijo que le guardara la mochila un momento, y yo lo hice, pero luego volvió y me dijo que qué hacía yo con su mochila, y yo le dije que ella me había pedido que se la guardara, y entonces se empezó a reír, y las otras niñas también se rieron. Y hay otra niña que me dijo que era gorda y tonta. Y yo fui y se lo dije a la monitora, porque yo no veo bien que la gente vaya haciendo esas cosas, no lo veo normal.

P: ¿Y qué hizo la monitora?R: Nada, no hizo nada, dijo que eso no tenía importancia. Pero a mí si me importa porque yo me sentí mal.

P: Pero ahora mismo dices que ya no se meten contigo, que ni te pegan.R: No, pegarme no, pero reírse si que se ríen. Porque cuando tengo que hablar en clase, pues me equivoco y se ríen. Y a mi eso no me gusta. Porque no es culpa mía que me equivoque. Yo no quiero equivocarme.

P: ¿Y qué piensas hacer?R: Pues nada, hablar poco en clase. Y si se ríen de mí no escucharlos. Pero lo que no voy a hacer es meterme con ellos porque eso no me parece bien.

P: Muchas gracias. Espero que todo se solucione.

Durante la entrevista, lo que más me impactó fue el carácter de la niña y el valor que tuvo al explicar lo que le había pasado, no se puso a llorar y en ningún momento tampoco insultó a los otros niños. También me sorprendió gratamente que todo el rato explicara que lo que hacían los demás no le parecía bien, y que en ningún momento dijo que si pudiera se lo haría a otros niños. E incluso intentó comprender porque el niño que se metía con ella y le pegaba lo hacía, y cuando dijo que seguramente era porque le habrían ello daño antes a él, parecía que le diera incluso pena.

Esta niña, cuyo nombre no hemos podido mencionar en ningún momento, igual que el de los otros niños, es un ejemplo a seguir para todas aquellas personas que sufren acoso escolar, porqué, en lugar de quedarse en casa diciendo que no quiere ir al colegio, va y se enfrenta a sus agresores, y a pesar de todo lo que le hacen, sigue manteniendo firmemente sus principios. Aunque parece que ahora ha decidido resignarse un poco y ocultarse (no quiere hablar en clase).

A raíz de esta entrevista, a parte de constatar la integridad de los niños que sufren bullying (o por lo menos en el caso de esta niña), también pudimos comprobar lo mal que funciona el sistema educativo. Porque es inadmisible que sí se meten con una niña, se ríen de ella, le pegan... la profesora o monitora en lugar de castigar al agresor le diga a la víctima que eso no tiene importancia. Cuando lo único que consigue diciéndole eso es que el niño agredido sienta que no tiene ningún apoyo y que está solo.
Es evidente que es necesario un cambio, y cuanto antes se produzca mejor, porqué este tipo de conductas (tanto por parte de agresores como de profesores) no se pueden tolerar.

Desde aquí queremos desear mucha suerte a nuestra entrevistada, porque, aunque parezca que ahora las cosas han mejorado un poco, tenemos miedo que cuando llegue a la ESO (de aquí a dos años) los problemas vuelvan a surgir e incluso empeoren.

caracteristicas y tipos de bullying

- Suele incluir conductas de diversa naturaleza (burlas, amenazas, agresiones físicas, aislamiento sistemático, etc.).

- Tiende a originar problemas que se repiten y prolongan durante cierto tiempo.

- Suele estar provocado por un alumno, apoyado por un grupo,contra una víctima que se encuentra indefensa.

- Se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir directamente.

- La víctima desarrolla miedo y rechazo al contexto en el que sufre la violencia; pérdida de confianza en sí mismo y en los demás y disminución del rendimiento escolar.

- Disminuye la capacidad de comprensión moral y de empatía del agresor, mientras que se produce un refuerzo de un estilo violento de interacción.

- En las personas que observan la violencia sin hacer nada para evitarla, se produce falta de sensibilidad, apatía e insolidaridad.

- Se reduce la calidad de vida del entorno en el que se produce: dificultad para lograr objetivos y aumento de los problemas y tensiones.


Tipos de Bullying

Físico: empujones, patadas, agresiones con objetos, etc. Se da con más frecuencia en primaria que en secundaria.

Verbal: insultos y motes, menosprecios en público, resaltar defectos físicos, etc. Es el más habitual.

Psicológico: minan la autoestima del individuo y fomentan su sensación de temor.

Social: pretende aislar al joven del resto del grupo y compañeros.

A veces, pueden aparecer de forma simultánea.

historia de un chico que sufre de bullying

Nicolás, víctima del bullying, relata su experiencia Miedo en el colegio Se burlaron de él, lo humillaron y lo golpearon hasta que ya no dio más. Se cambió de colegio y fue peor. POR LUIS MIRANDA VALDERRAMA La vida sin miedo resultaba inconcebible Juan José Millás, El Mundo. Hasta antes de su primer bullying, Nicolás era un alumno ejemplar. Tenía las mejores notas de su curso, un 6,8 de promedio, participaba en clases y buscaba ser reconocido por sus profesores y compañeros. Hacía gala de sus conocimientos y sentía que – como ocurría en su casa, con sus familiares, a quienes ponía feliz con cada opinión que daba- el resto del mundo iba a reaccionar igual. Pero en octavo básico, todo cambio. Nicolás era uno de los alumnos más bajos del curso. También un poco gordo. Y entre todos sus compañeros estaba David. “Era el típico bromista del curso que molesta a todo el mundo, pero ese año yo fui el foco de sus bromas pesadas y de su matonaje”, recuerda Nicolás. “A veces me he preguntado por qué se ensañó conmigo y pienso que fue porque yo era lo contrario de lo que era él. Él tenía problemas familiares. Su papá le pegaba a su mamá y tenía un hermano con problemas de drogas”. Cada vez que Nicolás levantaba la mano y decía algo en clases, David repetía exactamente lo mismo, pero con voz chillona y despectiva. Todos reían. Después le decía gordo, chico, enano. En el momento en que la habitual personalidad de Nicolás trataba de expresarse, David aparecía, sin contemplaciones, para sepultarla. “Al principio me reía con todos para que pasara luego. Pero cuando las bromas siguieron y fueron más pesadas, me empecé a sentir mal. Y pensaba que todo lo que estaba pasando era mi culpa, que yo había sido el causante del problema. Y dejé de hacer cosas. Ya no levantaba la mano, trataba de no hablar mucho, me quedaba callado en clase. Me bajaron las notas. Dejé de ser el alumno de buen rendimiento y en mi casa no entendían lo que estaba pasando. Fue cuando se rompió mi primer esquema de vida”. “NO QUERÍA IR AL COLEGIO” Nicolás y su familia viven en Peñalolén. Su padre trabaja en una empresa de electricidad y su madre hace dos años atiende un café en el Parque Forestal. Son cuatro hermanos, todos hombres. Nicolás es el menor. “Él fue un regalo para la familia”, dice Teresa, su madre. “Nuestros hijos ya estaban más grandes y Nicolás resultó ser el niño de todos. Estábamos atentos a él y creo que por eso le gustó leer desde chiquito para poder opinar de cada tema. Era un ejemplo para los demás niños cuando entró al colegio. Leía mejor que alumnos más grandes”. Pero en el colegio, las cosas empeoraban. A pocos meses para que se acabara el año escolar, David comenzó a decirle que le iba a pegar, que cuando lo encontrara en algún lado nadie lo podría ayudar. “Yo lo veía y me empezaba a doler el estómago”, dice. “Verlo se me hacía insoportable”. Nicolás empezó a sentir miedo. Se enfermaba. Su madre iba a su cama, tocaba su frente y sentía la piel caliente. El cuerpo del muchacho reaccionaba al terror. “No quería ir al colegio y empecé a hacer la cimarra. Partía a caminar, a leer o a escuchar música. Todo eso era mejor que las bromas. En otras ocasiones mis papás me llevaban a la entrada del colegio, me despedía, los veía irse y no entraba a clase”. Cuando llegaron los informes de inasistencias y bajas notas, Nicolás se dio cuenta de que debía volver a su pequeño infierno en la sala de clases. Trataba de escaparse de todos, asumiendo una soledad callada y sumisa. Un día, sintiendo hastío de David, intentó hablarle a su profesor jefe para contarle que las bromas y las amenazas estaban siendo más y peores. El profesor lo miró y se puso a reír. ?Estás exagerando ?le dijo. Su familia se había dado cuenta de los problemas de Nicolás. Sus notas cayeron a 5,6 de promedio. Su madre le preguntó y él le dijo que se quería cambiar de colegio, que un compañero lo estaba molestando. Su padre aceptó, a pesar de que el cambio exigía un aumento de las mensualidades y de que su hijo viajara casi una hora en micro. El final ocurrió una mañana, en su sala, en uno de los recreos. Nicolás se encontró una vez más con su victimario. Las bromas empezaron a sucederse y él trató de que acabaran rápido para que el resto de sus compañeros dejara de reírse a costa suya. Ya no reía. Esperaba en un silencio tenso que todo se terminara, pero esta vez hubo una diferencia: “Esa vez decidió pegarme”, dice Nicolás. “El golpe me llegó de lleno a la cara y me acuerdo que ahí no me aguanté. Le respondí con mis manos, con mis pies. Me defendí como pude. Hubo patadas, golpes, nos caímos al suelo y, de hecho, rompimos una mesa en la pelea”. Nicolás y David fueron amonestados, pero el colegio no hizo una investigación. A Nicolás no le importó. Había decidido cambiarse. “Cuando me fui a mi otro colegio pensé: esto es para mejor. Nunca imaginé que las cosas que me pasarían allí iban a ser aún peores de las que había vivido”. HUMILLADO Y OFENDIDO Quería que las cosas le salieran bien. El colegio le parecía un mundo nuevo: un edificio enorme, con patios grandes, una piscina que le permitiría nadar y nuevos compañeros a los que conocer. Las vacaciones de verano le permitieron tomar distancia y perspectiva de lo que había pasado. Trataría de congeniar con todos. Se sentía ansioso y optimista. El domingo previo al primer día de clases apenas si pudo dormir. Nicolás fue el primero del curso en llegar a la sala, en el tercer piso. Luego apareció otro, y otro más. Nadie se hablaba, porque nadie se conocía. La dirección había formado su curso de entre todos los alumnos nuevos que llegaron ese año. Fue curioso: había estado casi ocho años con los mismos compañeros y ahora era un grupo de extraños que se miraban con desconfianza. Pensó que el ambiente mejoraría con los meses. “Todo el colegio estaba dividido en tres grandes grupos. Los pokemones, los flaites y los metaleros. Si no eras ninguno de ellos, obviamente te sentías aislado, como lo que me pasó a mí, el chico nerd. Fue tremendamente horrible pensar en como sería mi curso. Esperaba que fueran amables, pero no lo fueron. Pese a que todos éramos nuevos, se adaptaron con gran facilidad, excepto un par de compañeros y, por supuesto, yo”. A los dos meses de clases, un grupo de compañeros comenzó a molestarlo. Un muchacho muy alto, medio desgarbado y que asistía a clases de artes marciales, era el líder de un puñado de cinco compañeros que hicieron de Nicolás su blanco perfecto. Eran metaleros. Le dijeron Doraemon, el gato cósmico, porque según ellos se parecía a un mono animado japonés de color celeste, pequeño, panzón y de gran cabeza. Luego prefirieron decirle Freaky, después, la Mole, semanas más tarde Guatón mamón y finalmente Guatón gay. “Este tipo le ponía apodos a todo el mundo, pero creo que se empezó a ensañar conmigo porque soy un tipo que no cabía en ninguno de los tres grupos. Me gustaba leer y la música que escuchaba no era el reggaeton ni el heavy metal. Quedé aislado. Y se dio cuenta de eso. De hecho, cuando no me molestaba a mí, buscaba a los rezagados de cada grupo, los que no estaban adaptados. Los demás le seguían y hacían lo que él decía”. Como había sucedido el año anterior, Nicolás respondió primero son sonrisas, luego con cierta indiferencia y después con miedo. Decidió posponer los problemas y se retrajo. Las bromas eran más intensas y más peligrosas que el año anterior. Había un grado de amenaza subyacente, porque los muchachos eran más grandes, actuaban en conjunto y no se detenían ante nada. Existía, sí, una diferencia: “Este tipo, Diego, era muy agresivo cuando estaba en el colegio y junto a sus amigos. Pero en la calle, era pacífico y tranquilo. Lo vi más de una vez fuera del colegio y su actitud era distinta. Había otro miembro del grupo que a veces era mi amigo, pero cuando andaban juntos, era uno de los más pesados”. Un día, tras terminar una clase en la piscina, el grupo tomó toda la ropa de Nicolás y la escondió en varios lugares del colegio. Sólo vestido con su bañador, mojado, humillado y ofendido, Nicolás debió buscar su toalla detrás de una taza del baño, sus pantalones en el pasillo y sus sandalias en la piscina. Todos se rieron de él. Llegó a su casa. Le preguntaron cómo estaba y dijo bien. Se metió a su pieza, encendió el computador y comenzó a chatear con amigos y amigas de otros países. No sabían nada de él, de lo que le estaba pasando. Al menos en ese momento se sentía libre y con amigos.También comenzó a escribir. LOS ODIO -¡Maldito estrés! ?escribió en su computador luego de ese evento?. Me juegas malas pasadas. Una amnesia temporal. ¡jajajajajaja! Qué buena excusa para mandar todo a la mierda. Esta nariz que no me para de sangrar ¡Por tu culpa! ¡Malditas presiones! Necesito un respiro. Espérame. Respiro. Dame otro minuto. Respiro. Me ahogo. Ayúdame. ¡Maldito estrés! Me haces caer en esto. No me dejas respirar. Me estás matando. ¡Maldita seas, rutina! Mala sociedad. No soy un inadaptado. Ustedes son los que me hacen mal. Los odio… Este texto lo escribió luego de que pasara el incidente de la piscina. Su familia estaba preocupada, Nicolás nuevamente no iba al colegio, evadía las preguntas de su madre o respondía con agresividad. Alejandra era la novia de uno de sus hermanos y conocía al muchacho desde que era un niño. Advirtió el deterioro de su personalidad. “Era un niño alegre, quizás se sobraba un poco con lo que llegaba a saber, pero sus padres siempre pensaron que el conocimiento es un arma y no una herramienta para surgir”, explica. “Y de pronto se apagó. Y no lo digo por su baja de rendimiento. Había dejado de ser él en su esencia. Se metía todo el día al computador, comía más y más. Un día le respondió mal a su madre. Le dijo: tú apenas sabes leer, y eso me sorprendió. Ya no quería relacionarse con nadie. Prefería la soledad a tener que enfrentar el problema que lo estaba carcomiendo”. Entonces llegó su cumpleaños. Y el matonaje pasó a ser físico. “Recuerdo que ese grupo quería hacerme el manteo. Decidí arrancar y esconderme. Corrí por todo el colegio, hasta que los perdí de vista. Me escondí donde sabía que no podrían entrar: la biblioteca. Pero cuando iba saliendo, para ir a clase, la tropa de los 5 me logró alcanzar y me llevó como si se tratara de un trofeo de caza hasta la salida de la sala. Allá me hicieron el manteo: fueron 16 patadas. Diez en mi trasero y seis en mis testículos. Quedé botado. El dolor era horrible”. Pidió ayuda a su profesora, quien relativizó las cosas. Lo tomó como un asunto normal, dice. Un alumno de tercero medio lo llevó a la enfermería y de allí a su casa. Pasó una semana con licencia. Semanas más tarde iba caminando por el estacionamiento del colegio y uno de los muchachos le lanzó una patada desde atrás y lo envió contra el suelo enripiado. Sufrió heridas en las manos y en la cara. “No entraba a clases, hice decenas de veces la cimarra. Volví a las enfermedades. No aguantaba más. Los domingos eran los peores días de la semana, porque sabía que venían los días de matonaje. Incluso me llegaron mails donde me decían que si hablaba, me podía pasar algo malo. Pensé que me podría morir”. Un día, hacia fines de 2006, Nicolás fue al colegio, pero no entró y tomó una micro hacia San José de Maipo. Llegó a ese pueblo, escuchó música y escribió algunos pensamientos. Ya las notas le importaban poco. Pero allí recibió un mensaje de Alejandra, la polola de su hermano. “No quería meterme, pero todos estaban preocupados”, cuenta Alejandra. “Lo llamaban y no contestaba. Le mandé un mensaje al celular, y le dije que estuviera tranquilo, que había gente que lo quería y que todos alguna vez pasamos por cosas así”. “Cuando leía el mensaje, algo me pasó”, dice Nicolás. “Sentí un alivio. Como que entendí que podía salir de ese problema. Y llegué a hablar con mis papás y me dijeron que me cambiarían de colegio. No importaria cuánto costara. Me pidieron que les contara de mis problemas y que nunca más me encerrara”. PAGAR EL PRECIO Nicolás toma un jugo en el café donde trabaja su mamá. Ella prepara una torta de tres leches detrás del mesón. Cada vez que se detiene a recordar los dos años de acoso y terror en la clase, comienza a reír. Cuenta los hechos como si se trataran de la anécdota más feliz de su vida. “Lo que sucede es que eso ya pasó”, dice. “Y supongo que es una especie de coraza”. Ahora tiene 17 años y cursa tercero medio. Después de cambiarse por tercera vez de colegio, Nicolás no ha vuelto ha sufrir de bullying. Sus padres están atentos a lo que le pase: ya no hace la cimarra, no se enferma, no llega malhumorado ni se encierra en su pieza. Está más delgado, se siente más independiente de su familia e, incluso, es presidente del Centro de Alumnos de su colegio. Pero hace unos meses está viendo a un sicólogo por un trastorno ansioso depresivo. “Lo que me pasó ha hecho que tenga más cuidado. Mis relaciones con la gente son más prudentes. Con el sicólogo no hemos llegado al tema del matonaje aún, y no sé hasta qué punto influyó eso en lo que me pasa, pero creo que pudo haberlo acentuado”. Su macre lo mira y sonríe. “Siempre lo habíamos apoyado, quizás fue demasiado”, dice. “Él ahora hace sus cosas. Ya no sale con su papá, prefiere ser más él. Si es mejor para su vida, tendremos que apoyarlo”. “Mis compañeros me recibieron bien. No me han molestado. De hecho, regresé al colegio donde estuve la primera vez que sufrí bullying. David ya no está, le cancelaron la matricula. Y las relaciones son mejores. Tengo nuevos amigos, y me respetan. Quiero terminar cuarto medio y estudiar algo relacionado con salud. Y me gusta escribir, también aprender francés, o la locución. No lo sé”. Nicolás toma un poco de jugo, se queda en silencio. “La preocupación siempre existirá. No se irá nunca. No es miedo, ya. Estoy atento a esas pequeñas bromas que para el resto son normales, pero que para mí significan otras cosas. Creo que he aprendido a tener herramientas para evitar de nuevo el horror”.

detengamos el bullying

Este mal que afecta a niños, pero que también incumbe a padres y maestros. ¿Qué hacer ante el acoso escolar? La rechazan y la amenazan verbalmente, e incluso le dan empujones”. Así describió Susana, con lágrimas de impotencia, lo que su hija Mariana, de nueve años, vive a diario con sus compañeros de clase. “A veces quisiera desaparecer”, le dijo un día la niña, lo que la puso en alerta y decidió buscar ayuda. Mariana era una víctima más de acoso escolar, o bullying, como es llamado en inglés, el cual va desde la agresión verbal hasta el rechazo con bromas pesadas y la exclusión deliberada del grupo para crear malestar. A veces también hay violencia física, pero el acoso suele ser “silencioso”, psicológico, y los adultos no se percatan de él hasta que cobra fuerza y se hace evidente. Susana habló sobre el asunto con sus amigas, también madres de niños y adolescentes, y para ninguna de ellas era ajeno; también habían vivido experiencias parecidas con sus hijos. Pasé una tarde con ellas buscando maneras de afrontar este mal que afecta a tantos niños, pero que también incumbe a padres y maestros. ¿Qué hacer ante el acoso escolar? Distinguirlo de lo habitual. Como todos tuvimos una infancia, solemos ver las bromas a esa edad como algo normal. Pero el problema surge cuando el acoso se vuelve constante y afecta la estabilidad de nuestros hijos. Algunos de los primeros síntomas de abuso son tristeza, irritabilidad, cambios repentinos en el sueño o el apetito, dolores de cabeza o de estómago y vómitos. Puede haber también rasguños y moretones, que los niños atribuyen a caídas o accidentes menores. Enseñar a los niños a poner límites. Al hacerle saber al agresor que no caerán en su juego, será más probable que éste deje de molestar. Aconseja a tus hijos que eviten discutir, y que usen frases como “Basta, ¡ya está bien!”, “Eso no es gracioso” o “¿Te gustaría que alguien te hiciera lo mismo?” Diles que luego se aparten de él sin responder con más agresividad. Fomentar el diálogo. La comunicación es esencial en la vida de todos los miembros de la familia, tanto por lo que se dice como por lo que se calla; por eso, es necesario generar confianza en los niños para que se expresen sin temor de ser cuestionados. Así se sentirán apoyados, y será más probable que nos cuenten cuando alguien los esté amenazando o agrediendo en la escuela. Predicar con el ejemplo. Los niños tienden a imitar a sus padres en cuanto a lo que opinan de otras personas y cómo se expresan de ellas. Por eso, debemos cuidar la manera de referirnos a quienes son diferentes, ya sea por su forma de ser o por su aspecto físico, y enseñar a los niños el valor de la aceptación y la convivencia. También hay que tratarlos bien. Si en casa hay armonía, los niños lo reflejarán en la escuela. Fortalecer su autoestima. Las opiniones que tenemos sobre lo que nuestros hijos hacen, o sobre su personalidad, son esenciales para ellos, sobre todo en los primeros años de vida. Cuidar la forma de decirles lo que pensamos de ellos es crucial porque está en juego su autoestima. Antes de hablar, pregúntate: Lo que voy a decirle al niño, ¿lo hará más fuerte o lo debilitará? Recuerda que el amor fortalece y que el miedo suprime todo poder. Si sospechas o estás seguro de que tu hijo es víctima de bullying, acude a la escuela para dar aviso y tomar medidas correctivas. Habla con el director, los maestros y con otros padres a fin de encontrar juntos una buena solución. Hoy, más que nunca, la escuela y la familia deben aliarse para prevenir o resolver un problema que comparten por igual.

Qúe es el Grooming?. Acoso Sexual en la Red

Tienes niños o niñas entre 12 y 14 años? Sabes con quien chatea?, qué hace comúnmente en su computadora?. Un adulto se introduce de manera furtiva en la computadora de tu hijo o hija y empieza a entrelazar lazos de amistad para satisfacer sus necesidades sexuales mediante imágenes eróticas, pornográficas del menor o incluso para prepararse para el acto sexual, Sabes qué hacer y ante qué tipo de situación te encuentras? Así poco a poco se va ganando la amistad del menor, creando una conexión emocional con el niño, hasta lograr su confianza, para este fin le hará regalos y toda clase de atenciones hasta deshinibirlo y poco a poco llevarlo hasta el chat , usar la cámara web mostrando fotos y poder llegar a abusar sexualmente de él. Ante todo ten en cuenta que lo que más necesita el acosador para intimidar al menur es una cámara web, así que este es un elemento crítico dentro de este proceso. El Grooming es una forma de Acoso Sexual en la red! Las recomendaciones directas que te damos para este tipo de casos son las siguientes: 1.Explícale a tus hijos la importancia de no dar los datos en la internet de su teléfono, de la dirección de su casa, igualmente de no enviar fotos ni tampoco videos a desconocidos ni a los amigos o amigas del salón de clase. 2.Enséñale a tu hijo que no se una a niños que no acepte invitaciones en Facebook de niños que no conoce, que ignore el spam y no abra aquellos correos de remitentes desconocidos. 3.Mantén en constante conocimiento de las últimas tecnologías que nuestros hijos frecuentan. Como regla general siempre debes colocar la computadora en un sitio visible de tu casa, un sitio donde todos pasen y vean qué está haciendo el que se encuentre en la computadora. 4.No permitas que tus hijos estén más allá de las 10pm de la noche o las 21 horas en adelante, ya que a partir de esta hora se incrementa el número de usuarios y potencialmente aumenta el riesgo. Instala antivirus y programas de control paterno para navegación con claves que sólo tu manejes 5.Pregunta permanentemente sobre las páginas que visitan, con quién hablan y sobre qué temas. 6.Elimina la instalación de la cámara web, sólo permítelo cuando tu estes en casa y con una clave restringida que sólo tu 7.Si crees que un niño o niña está siendo víctima de acoso a través de Internet hablar con él o ella, sin retarlo, dándole confianza para contarle lo que está pasando. 8.No dudes en contactar a la policía y a las autoridades necesarias cuando verifiques un caso de grooming. Mantén con sus hijos una comunicación adecuada, diáloga sobre sexualidad sana con ellos, dales la confianza para que denuncien aquellos que les incomode. Qué tal si te sientas hoy con tus hijos y conversas de una manera fresca y holgada sobre estos temas, estamos seguros que si tomas una actitud de diálogo y mente abierta conseguirás mucha sanidad para ti y tu familia. Te invitamos a que denuncies y prevengas el grooming YA!! muchas gracias